La Mágica Amistad

febrero 26, 2006

Soy aficionado desde siempre a la animación japonesa, o anime como se le conoce al género derivado del manga. Esta devoción comenzó cuando en mi niñez me divertía con las aventuras de personajes como Fantasmagórico, El Hombre Par, Marino & la patrulla oceánica, El Capitán Centella y por supuesto Meteoro. Recientemente, obras como Metrópolis, Cowboy Bebop, GITS y Shihiro por nombrar algunas, me divierten de tanto en cuanto en los momentos de ocio, gracias a muchos amigos que persisten en la afición por este género cargado de magia, inocencia y rudeza.

Hace unos meses, mi primo el Emperador nos llevó a mi esposa y a mi a un pequeño restaurant de comida china e internacional, como comúnmente se conocen estos comederos tradicionales en Maracaibo. El sitio se llama Restaurant Amistad, y está ubicado en la calle 8 Sta. Rita, con la calle 79 Dr. Quintero, diagonal a la Iglesia La Consolación. Pero, ¿cómo es que el Emperador puede recomendar un sitio así? es que tiene un ámplio menú de platos ready-to-eat a precio solidario: unos 6500 bolívares, apenas US$2.50 aproximadamente, aparte de todas las variaciones habidas y por haber de arroz frito, chop-suey, tallarines y lumpias.

Ustedes dirán: comida china, anime, manga… Pues bien, el hecho es que cuando uno entra al Restaurant Amistad, uno se siente en un sitio mágico, así como el restaurant de la casa de baños donde fue a parar Shihiro. Y es que los platos son servidos en 3 minutos o menos, sea cual fuere, y no importa si es para llevar. Además, cuentan con una gran cantidad de empleados muy jóvenes (entre 16 y 22 años) obviamente chinos de provincia, que entienden muy bien el maracucho pero todo lo hablan en chino, siendo extremadamente diligentes y atentos. De nuevo: todos los platillos son servidos en un tiempo máximo de 3 minutos, o lo que es lo mismo en los siguientes 180 segundos luego de tomar el pedido, humeantes y vistosos. Por supuesto, cuando el Emperador, mi esposa y yo nos dimos cuenta de esto, comenzamos a contar cuanto tiempo se tardaban en servir a los demás comensales que llegaban luego que nosotros, y comprobamos que en promedio el tiempo se mantiene por debajo de esos tres minutos, pero ya era mucha la vagancia y el regodeo con los refrescos, así que nos fuimos.
Las demás veces que he vuelto al Restaurant Amistad, he podido comprobar que mantienen su calidad. Es excelente para esos mediodías donde te falta tiempo y compras comida para llevar, pues en unos 4 minutos entras y sales con todo listo: 30 segundos para entrar y ordenar, 3 minutos para servir y 30 segundos más para pagar, que te den el vuelto y la huida.

Respecto a la calidad de la comida, debo ser honesto: el arroz frito es de calidad promedio, no tan bueno como en otros establecimientos de este tipo. En cambio, los vegetales siempre están al dente, como a mi me gustan. Un punto a favor es que le dan a las carnes un toque bastante provenzal chino: usan anís para el marinado; lo noté la primera vez que fui cuando pedí un lomito de cerdo agridulce, que estaba espectacularmente bien cocido y seducía tanto por su aroma como con su presentación: unos colores bermellón en una salsa agridulce entre naranja y fucsia, con verduras al dente extremadamente verdes que saltaban del plato directo a mi corteza visual y olfativa. Al momento de probarlo, percibí retronasalmente el anís incrustado en la marinada del cerdo, para luego darme cuenta que esta especie estaba presente tanto en forma de licor como en grano, a través de la receta. En otras visitas, he percibido la misma sazón cantonesa (pimienta, anís, y otras especies) en el pollo que sirven, tanto empanado como cocido y fileteado.

Volviendo al aspecto mágico del local, una vez traté de mirar hacia dentro de la cocina, cuya puerta de acceso mantienen cerrada al extremo que resulta inquietante; entonces en un descuido pude observar el gran movimiento que mantienen en ella, y una señora muy oriental, de cabellos negros recogidos con un delantal, que vociferaba algo en chino (no se si era mandarín, cantonés, guajiro o coriano) mientras un ejército de empleados estaba cocinando de un lado a otro. Entonces me acordé de la bruja de Shihiro, la dueña de la casa de baños, y no había comenzado a sonreirme cuando me entregaron mi pedido. Pagué y me dirigí a la salida, pero antes me detuve cerca de una deidad que tienen al lado de la entrada en el piso, con un jarroncito lleno de palitos de incienso. La reverencié y me fuí, esperando que la magia siga trayéndo la buena amistad de unos chinos que atienden más rápido que McDonald’s en cualquier parte del mundo, de la misma manera que Shihiro logró salvar a sus padres de convertirse en cerdo asado.

Penne Shuz

febrero 11, 2006

Hace años, cuando Venezuela era otra y de todos nosotros, en una entrevista de tv la actriz y modelo Rudy Rodríguez preparó una pasta con almendras, consignando el plato con un nombre así como pasta swoosh por lo rápido que se hacía.

Hace rato, estaba viendo a Narda Lepes (ah desgraciada, paseando por el mundo con tu craso acento) preparando algo con camarones, palitos chinos, hongos y mirín (que raro) y me acordé que tenía un poco de pasta penne en la nevera, ya cocidos en un tupper.

Entonces fui a la cocina, y en una ollita puse una cucharada de mantequilla con aceite de oliva a fundir. Le agregué media cebolla picadita con dos ajos, y los dejé marchitar sin quemarlos. Luego sazoné con sal (algo más de lo habitual), pimienta, una puntica de nuez moscada, orégano y mostaza dijon, para terminar con una cucharada de un azúcar almendrada que preparé hace días moliendo finamente en el procesador azúcar y almendras tostadas con piel. Al mismo tiempo, tomé la pasta y la calenté 100 segundos en el microondas.

Entonces le volqué el contenido de la ollita a la pasta, junto con unos 100gr de un buen queso de año. Ahí fue que me acordé: no hay vino blanco ni rosado fríos en la nevera, así que me comí la pasta sin maridaje.

Este plato fue lo único que logró apartar a mi esposa de unas cosas que estaba haciendo para su postgrado. Resultó increíble el contraste entre el dulzor de la cebolla, reforzado en un primer momento por el azúcar almendrada, pero entonces se presentan los demás sabores salados para percibir retronasalmente el aroma de la nuez moscada y la almendra. Por último, el orégano y el ajo, que asientan como dicen los franceses la esencia provenzal.

Como fue de Rudy que escuché primero la combinación de pasta y almendras, vaya un sincero reconocimiento para esta hermosa mujer, que me inspiró a cocinar para mi bella esposa, con esta receta.

Vinicio del Carmen es el nombre del Chevy Nova ’75 de mi esposa. Su nombre viene del linaje familiar: los varones de su casa se llaman todos así, desde su bisabuelo hasta su sobrino, menos los perros. Vinicio del Carmen, o simplemente el Nova siempre ha sido un amigo fiel, en las buenas y en las malas. Fue adquirido por el difunto suegro durante los ’80s, de segunda mano, convirtiéndose en uno más de la familia. Hoy se le dañó el motor, un Chevrolet 6-en-línea 250 (4.1L).
A la muerte del suegro en 1989, quedó en manos de la suegra, la cual nunca le desamparó. Le reconstruyó toda la latonería, motor, caja y tapicería. Yo le ayudaba siempre: llevándolo al taller, buscando repuestos o incluso llevándolo a hacer cambios de aceite; total, mi interés era en su hija, no tanto en el carro, pero igual valía la pena. Luego que nos casamos, la suegra comenzó su proceso de jubilación, y como ella y mi esposa siempre andan juntas, y en nuestra casa hay más espacio de estacionamiento, el Nova fue quedándose y quedándose, hasta que se estableció aquí con nosotros.

Hace 4 años, cuando le hicimos el último gasto mayor al motor (empaques, nuevo carburador, distribuidor con encendido electrónico al fin, además del servicio rutinario de fluidos y entonación), además de ponerle nuevos discos de frenos (pues tenía los originales de casi 30 años de uso), nos fuimos con él a Mérida por la vía de Los Andes, a través del Páramo del Pico del Águila. Fue increible ver como se aferraba a las curvas, y mejor era el asombro de la gente en el Pico al llegar con el Nova entre camionetotas del año, mucho carro nuevo y el clásico echando pinta… Gracias a ese viaje, y a su color blanco se le apodó El Nova de las Nieves XD.

En el 2004 el carro sufrió un gran accidente: un roble de casi 30 metros de alto, durante un chubasco, cayó sobre el Nova. Sorprendemente, el único daño que sufrió fue un retrovisor lateral roto, y una abolladura menor en el capó. De igual manera, el accidente afectó unas líneas eléctricas de alta tensión, y hubo que esperar a la intervención de bomberos, compañía eléctrica local y policía municipal y regional para rescatar al Nova. Fue un episodio espeluznante, digno de un guión para Planeta Feroz. Al final, los bomberos con hacha, sierra y segueta lograron liberar a Vinicio del Carmen; a mi me tocó entrar en la fronda del auto con los efectivos, luego meterme en el carro y sacarlo de manera impecable en el trayecto que habían hecho entre palos y cables rotos. Fue especial como la gente aplaudió, cuando el Nova salió impecable, apenas con unos rasguños. Ahí surgió el apodo del Nova de los Bosques.

Durante el 2005 prácticamente nos quedamos solamente con el Nova, pues el Renault 11gtl mi carrito europeo, estuvo entre una latonería que fue más robo que arreglo, y mis fallas económicas, parado casi todo el año. A pesar de que el motor del Nova no había sido evaluado desde el 2003, y que fue reparado en 1999, nada lo detenía. Solamente pedía agua, gasolina, un cambio de aceite cada 4 meses y completar el fluido hidromático de la caja y dirección, gracias a ciertas fugas menores que uno nunca arregla, para darle caracter al automóvil.

Hace un par de días, la base de la batería del Nova colapsó, a causa de una fuga no detectada en la parte inferior del acumulador, que derramaba ácido lentamente. Entonces decidí estacionar al Nova durante el fin de semana, mientras compraba una nueva base y procedía a instalarla. Hoy, con la batería arreglada y la base en la mano, un herrero en 10 minutos instaló la pieza en su sitio y todo estaba en aparente orden, pero la sorpresa vendría al atardecer. Esta noche, al salir con mi esposa hacia la casa de unos amigos, extrañamente encendió la luz de falta de presión de aceite en el tablero; dado que hacía como 6 años que no veía esta falla, no lo pensé dos veces y paré en un kiosco en la Autopista Nº 1 por donde transitaba, para comprar dos potes de aceite SAE 50 monogrado, que yo mismo le puse al motor sin apagarlo. Tristemente, el mal ya había hecho su trabajo: en cuanto arranqué y se lubricó mejor el motor, fue obvio que el desgaste de los cilindros era mayor al usual, y la luz en el tablero era un fugaz indicador del inminente infarto, que se apagó mientras una nube de humo azulado surgía del escape. Simplemente, me devolví y llamé a mi mecánico y primo hermano Sisoes, para concertar fecha y hora del desarmado.

Escribiendo este post, me dice mi esposa que Los Leones del Caracas han ganado la Serie del Caribe. Es una sonrisa entre tantas caras largas, que sienten la fatal falla del Nova. Resulta interesante que en todos los noticieros y comentarios siempre nombraban al equipo como Leones del Caracas; solamente fue hasta hoy, que estaban a un juego de ganar la Serie, cuando les denominaron Los Leones de Venezuela. Por otro lado, se sintió la ausencia de ChequeAlegreVEneZolano en el evento; quizás resultó mejor, porque así no les contagió con su usual racha de mala suerte.

Dirán ustedes: ¿y por qué se llama Vinicio del Carmen? porque su placa original comenzaba con VDC. Luego fue el Nervamóvil, por la suegra; después vino El Nova de las Nieves, El Nova de los Bosques y al final quedó El Nova.

El corazón del Nova ha muerto pero como dijo ChequeAlegre, por ahora. Larga vida al Nova. Y al Renault que se agarre, porque allá voy.

Los Coliformes del Queso.

febrero 2, 2006

A causa de un correo electrónico que mi primo Lex me envió, diciendo que resultaba mejor beber cerveza o cualquier bebida espirituosa que agua, pues al cabo de un año tomando agua acumulabas el aproximado de 1Kg de coliformes fecales ingeridos, recordé cuando me di cuenta que todos comíamos excrèment de tanto en cuanto.

Como buen maracucho, consumo mucho queso. Aquí los productos lácteos son parte de la vida; aparte del suero de leche, que es “exportado” para los hermanos guaros y gochos, todo lo demás es usado y consumido en cantidades extremas. La crema, la leche, la mantequilla, la cuajada, y el queso en cualquier denominación (flojo o fresco, semi-duro, madurado, concha negra o roja, de año, amarillo, rallado, chizgüis o fundido, toncha, palmita, de “huequitos”, chillón, mozzarela, guayanés, “crineja”, parmesano, gouda, “de bola”, azul, brie, amarillo kraft, pecorino, parmesano, manchego, de cabra, de búfala, etc.) son parte integral de la gastronomía marabina y zuliana, junto con el plátano, el pescado, el chivo, el coco, la carne, el pollo, los ajíes “misteriosos” y el “achote”.

Tenía como 8 años cuando mi tía Mayra vino a vivir con nosotros; se estaba mudando, pues acababa de llegar de Francia donde se había titulado en técnico superior en lácteos, gracias a una beca Gran Mariscal de Ayacucho. Comenzaban los ’80, y el boom petrolero de los ’70 todavía impulsaba la economía, aunque menos que antes. Consiguió trabajo luego de poco tiempo, como técnico de control de calidad y alimentos en una empresa de lácteos; su labor consistía en diseñar las recetas de ingredientes activos para hacer este o aquel queso, de acuerdo a las especificaciones de producción.

De esta manera mi tía Mayra, durante los ’80 y parte de los ’90, fue la que inició la producción de quesos de alta calidad en el Zulia. Importaditas de Francia, trajo técnicas novedosas que adaptaron a los requerimientos de la zona. Mayra y su amiga Delia (Chila para los allegados) instalaron la primera planta de procesamiento de leche por UHT (ultra-high temperature) con empacado en Tetra-Brik en Machiques, y hasta le trabajó a la fábrica de quesos Flor de Aragua, la de los frailes esos que salen por tv con una carreta más.

Un día, cuando la tía Mayra recién comenzaba a trabajar, llegó con una diarrea imparable; estuvo como tres días directa, y mi abuela (que era su médico de cabecera, y que de paso cumplía año el mismo día) tuvo que hacer imposibles para detenerle la infección gastrointestinal que tenía. Fue de verdad un susto, pues la mujer estuvo al borde de la deshidratación severa. ¿La causa? una prueba de quesos palmita, que estaba en desarrollo. Ahí fue que me explicaron lo siguiente.
Los huequitos del queso son producidos por el CO2 que generan los coliformes fecales del cuajo, es decir del queso en proceso de fabricación. Para producir esa miriada de huequitos del tamaño correcto que resulten agradables a la vista, junto con el sabor y la textura característica del producto, es necesario controlar la cantidad de estos microorganismos en la mezcla, además del tiempo de maceración y otras variables como temperatura, etc. Por supuesto, además de las pruebas de laboratorio, hay que realizar ciertos chequeos organolépticos que, por supuesto, tenía que hacer la francesita.

Dado mi asco por lo descrito, para quitarme mi impresión me contaron de otra tía (ya difunta), oriunda de la zona de La Cañada, que no comía queso porque en la hacienda donde le criaron, las moscas eran las que prácticamente le daban el carácter al queso producido. Después me introdujeron al queso azul, al parmesano reggiano, y a otros productos lácteos. Aprendí que los zapatos deportivos sudados huelen y de hecho atraen a los mosquitos tanto como ciertas cepas de queso, y que hasta hay gusanos que tienen su cuota en la maduración de algunas delicatesses.

Mayra tuvo su último trabajo en la industria láctea con la New Zealand Milk Products, hasta que en 1999 se fue para Estados Unidos, pues tenía ciudadanía gringa (su papá era de allá). Ya no trabaja con lácteos, pero no olvida esos años ni el sabor tan especial del queso hecho con pastos zulianos. Es algo que todos los miembros de la diáspora marabina saben, y anhelan volver a disfrutar.

En conclusión, uno siempre la termina comiendo, de una manera u otra. Yo, por lo menos, prefiero comerla sobre una pieza de pan tostado, con oliva virgen, ajo y un tomate frotado.