La Victoria de Pollo en la noche.

diciembre 8, 2006

Hoy me la pasé de carreras. De un lado a otro, fue una diligencia tras otras. Al final, ya eran las 8pm y andaba con mi primo El Emperador, mi esposa y mi progenitora. Ya había hambre, ciertamente —como diría Teal’c.

Entonces El Emperador me recordó de un lugar que le recomendaron sus amigas Om y Luz, cerca de donde viven ellas en La Victoria. Este sector queda detrás de la Avenida La Limpia, hacia el noroeste de la ciudad, y se convirtió durante los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado en uno de los más grandes crecimientos urbanísticos más o menos organizado de la ciudad. La Victoria es distinta; la gente habla y se comporta diferente; son marabinos, más que maracuchos.

Yo conocí La Victoria hace muchos años, cuando estudiaba en bachillerato. Luego, durante los noventas, muchas veces me tocó ir y venir a esa populosa zona ya fuera por estudios, negocios o incluso por el placer de ir a comer con mi novia en uno que otro localcito. En este sector abundan los negocios de comida rápida —y no tan rápida— en las avenidas principales, que inervan a su vez toda la urbanización a través de las laterales. Son famosas las arepas de El Jojoto, las pizzas, las ventas de parrilla y otros comederos prácticamente al aire libre.

Hoy fuimos a un localcito más que sencillo, a la vera de la avenida principal tomando hacia la izquierda en la Y de la entrada de La Victoria que colinda con Los Olivos. Ya casi llegando a los edificios, están varios locales y uno de ellos se destaca por un pequeño aviso luminos un poco decolorado; se trata de Mister Arturito, una venta muy original de pollo a la broaster, o como lo conoce mi esposa, pollo a la canasta.Mister Arturito

Debo confesarme como un adicto a las frituras, cuestión que mi organismo ya no soporta mucho, aunque nunca he salido con el colesterol alto en mis chequeos rutinarios. Este lugarcito, en el cual te atienden por una ventana de una casa convertida en taquilla, y donde te sientas en la acera al lado de una vía llena de automóviles a media-alta velocidad, es extremadamente coloquial y concentra la experiencia de La Victoria plenamente: cotidianidad, decencia, simpatía, precios más que solidarios, mucho smog, ruido (tráfico, gente, transeúntes, y un radiecito que no tenía tamaño para el escándalo que tenía), y buena calidad, además de una excelente brisa pues el sector es bastante fresco dada la altitud relativa al lago y lo lejos que tiene la costa.

Como éramos cuatro, pedimos el plato familiar: 4 piezas de cada parte del pollo que ellos venden, a saber alas, muslos, medias pechugas y cuartos superiores del muslo entero —la última es la pieza preferida de mi mamá, no se por qué. Esto acompañado de aproximadamente unos 400gr de papitas fritas, una docena de arepitas que realmente eran bolitas de masa de harina de maíz de una pulgada de diámetro, tres servicios de unos 60gr de ensalada de repollo dulce al mejor estilo de Arturo’s, tres porciones de ketchup y un refresco de 1.5lt, que en nuestro caso fue Pepsi, con sus respectivos vasos con hielo para cada comensal.

Todo esto por unos super-fantásticos Bs. 35000.

Yo no se si era pollo transgénico de Mercal, o si las papitas eran brasileñas, argentinas o bolivianas, pero a mi no me cuadra por ningún lado que puedan vender todo eso a tan buen precio. Los platos comienzan en Bs. 9000, por un plato de 3 piezas (ala, pechuga y muslo) con papitas y ensalada, hasta la combinación bárbara de 16 piezas, 3 ensaladas y 1 super porción de papitas, con 3 porciones de ketchup, que nosotros nos comimos.

Por supuesto que recordé el cuento de la rata en el Arturo’s, el del peluquín del Coronel Sanders en el KFC y todos los demás chistes que hay acerca del pollo frito. Pero no los dije, pues el pollo estaba realmente bueno. Tenía buen balance entre hierbas, sal, crocante y buena cocción. No encontré ninguna pieza sobrecocinada, ni tampoco ningún pedazo crudo. Realmente me gustó, aunque recordando que soy miembro del partido TLF (todo_lo_frito), confío en la opinión de mis acompañantes que estuvieron de acuerdo conmigo.

Cuando iba a pagar, me acordé de El Antojo, por las bolitas de masa fritas, además porque el aroma de la freidora infesta todo el lugar cuando la brisa sopla en cierto sentido, tal cual sucede en Apartaderos.

Al cancelar, le preguntamos al muchacho que nos atendió el horario del local: prácticamente todos los días abren, a partir de las 11am. Excelente dato, en especial para resolver un almuerzo con los chamos o con los compañeros de trabajo.

Llegué a tomar Hepadesicol, con varios vasos de agua, y deseando haber tenido mostaza dulce o dijón…

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Una respuesta to “La Victoria de Pollo en la noche.”


  1. ese pollo es un asco se ve de mal color eso esta como para bomitar y digame las papitas huy no wacala


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