A mediados del 2005 ocurrió que el Ángel de la Muerte decidió solventar ciertos asuntos inconclusos con mi familia. De pronto, en menos de 60 días, todos los viejos —apelativo con el cual se les trata cariñosamente a los ancianos padres, madres y tíos en mi familia— que quedaban fueron llamados a las puertas del cielo. De tal manera que luego de 7 velorios y entierros, nos dimos cuenta que ya no quedaban más familiares cercanos consanguíneos de la vieja guardia, de los nacidos antes de la 2da. Guerra Mundial, y que los que quedaban eran básicamente los baby-boomers y sus descendientes. Esta sensación inundó a todos en el Clan Molero con un cierto sentimiento de añoranza por los eventos pasados, y una suerte de sed por conocer la verdadera historia detrás del Secreto de la Bolita Roja, entre otras anécdotas que perviven como sobremesa en todas las casas de mi familia.

Meses después durante mayo de 2006, por casualidad coincidimos muchos de los Molero en casa de Tía Diossa, y de pronto surgió la idea de un reencuentro que se realizó en septiembre del mismo año; una reunión familiar que sirviera para conocer a los nuevos y más pequeños, a las esposas y esposos que sabemos que existen pero que no podríamos reconocer así nos encierren en una misma taguara durante una redada. Dimes y diretes fueron, así como ciertas apreciaciones económicas que resultaron más un disgusto que familiaridad, y al final aparte de la obvia diversión pautada para la encuentro —hablo de cerveza, risas, comentarios y mucho aroma a adn y cultura casera compartida— unos primos se encargarían de hacer un video con entrevistas de algunos personajes, entre ellos su servidor (soy el segundo primo mayor, hijo de la segunda hija mayor, y siempre me mantuve viviendo en la ciudad, dentro del seno del clan familiar), y yo me encargaría de hacer un slideshow con fotos que toda la familia recogió. Oh, que sorpresa cuando ese tesoro llegó a mis manos y tuve el privilegio de digitalizarlo para las generaciones futuras.

Imágenes que mostraban a mis tatarabuelos en las primeras décadas del Siglo XX, ya ancianos y enjutos, con la delicada sonrisa que nuestra Bisabuela Conchita donó a ciertas beldades en la familia… Fotografías de mi abuela con una estampa bellísima e intrigante, y una tía que nunca conocí pero que sigue viva en el recuerdo de todos, incluso de los más pequeños… Ver que el Pregonero Mayor le tenía respeto y admiración a las voz y barriga del Tío Fabio y a la magistral guitarra del Tío Toncho… Fue tal la emoción que me embargaba, pues además accedí a una de las pocas copias en compact cassette que hay de las grabaciones hechas totalmente unplugged y en reel de los ensayos de estos personajes, que no lo pensé dos veces y en poco menos de una semana organicé todo el material y pasé las 60 horas anteriores a la reunión ensamblando un par de videos (fueron dos porque no tenía espacio en disco duro para renderizarlo todo y supuse que por el contenido emocional, era mejor pasarlos uno primero y otro después). Monté entonces la tramoya de software correspondiente, y comencé a trabajar simplemente inspirado por el feeling que las imágenes me daban; el primer video iba desde principios de 1900 hasta 1957, con las últimas fotos de todos los hermanos Molero Espinoza juntos, y el segundo video comenzaba con las fotos de los nacidos en 1958, los cuales supe después estaban in uterus en las fotos finales del anterior capítulo.

Estos videos salvaron la velada, pues mis primos nunca llegaron con las entrevistas, aunque las prometieron una y otra y otra vez para algún día. Creo que tuvieron problemas con los cartuchos miniDV, o fue con la captura, o con la Mac recién comprada, o con la edición, o el render, o el quemado, o con todas las anteriores. Yo hice mis videos con Canopus Edius, Imaginate y ProCoder  (de Playita’s Store) en una Pentium 4 reencauchada que todavía uso para escribir estas líneas, bajo un Windows XP que no parece de Microsoft, y un scanner HP que obtuve mediante un canje. Lo quemé en CD porque era lo que tenía a mano, y de paso el pantalón de vestir que me puse en el evento se descosió en el peor momento de la reunión, al terminar los videos y comenzar la sesión de comentarios al respecto. Total, le tengo que dar gracias a toda mi familia por todos los recuerdos propios y ajenos que me permitieron asegurar en ese par de videos de 20 minutos cada uno, y que guardan una parte de la memoria visual familiar: lo que somos como gente, entre nosotros, y para los demás.

Exactamente un año después, un personaje cercano me sorprende con algo que nunca hubiera esperado. Carlanga estudió conmigo en el Colegio Cagigal, y mientras estaba en 5to. año de humanidades retozando con la idea de ser cineasta, yo me divertía con sus comentarios y conversas durante los ratos libres, pues estaba en 1er. año de bachillerato en el salón de al lado, en la misma ala de la institución. De ahí surgieron una serie de encuentros fortuitos que han hilvanado sus andanzas con las mías: vivía a unas cuadras de mi casa en La Paz, su hermana fue novia de Emma, y sus padres son amigos entrañables de mi madre.
Es así que Carlanga fue y vino de Cuba cuando era una isla y no un itsmo como ahora, y se graduó de cineasta en La Habana. En el devenir de los eventos acaba de terminar un documental que resulta siendo la tapa del frasco: Maracaibo con vista al Lago, producido en el marco de la serie de docus que tiene CINESA-CineArchivo y con el apoyo del BOD, es una recopilación visual de los conceptos y razones por las cuales el marabino se autodefine maracucho, y afianza el voseo cuando está más allá de los linderos del estado Zulia. Realizado con una estética exquisita y a la vez austera en ostentaciones más no en calidad e información, los radiantes colores de la ciudad más bella que existe en el continente (pues tiene Lago, China y Puente, Gaita, Hospitalidad, y el Calor de la Gente de más alta Calidad) son capturados por Carlos y su fig-rig, además de los documentos visuales que CINESA y muchas familias, empresas, diarios y pare de contar prestaron para que confeccionara 52 minutos de maravillas. Con la locución del gato, es un DVD de lujo que ningún maracucho y obviamente nadie con sangre zuliana puede dejar de tener.

Gracias a la Sra. D y el Sr. V, padres de Carlanga, pude ver en exclusiva este video. Espero adquirirlo a la brevedad, para colocarlo al lado de los otros discos que contienen el digital de los reels de audio, los scans de las fotos, los crudos y los render de los videos que hice, en la biblioteca de mi sala, junto con la foto de mi abuela y sus hermanos el tigre y estela marina. De verdad que es un lujo tomarse un café, de vista al Lago que vio nacer a mi familia hace siete generaciones por lo menos, la ciudad donde vivo y sigo comiendo, por ahora.

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